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Custodia compartida en la Comunitat Valenciana: cómo la aplican los juzgados

La custodia de los hijos es, en la mayoría de los casos, el punto más delicado de un divorcio. En este artículo explicamos cómo aplican realmente los juzgados de Castellón y Valencia la custodia compartida, qué pesa en la decisión judicial y qué errores cometen con frecuencia los padres que acuden a consulta.

La custodia compartida es la regla general, no la excepción

A nivel nacional, la custodia compartida es la regla general. La custodia exclusiva es la excepción y, cuando se da, en el 99% de los casos se atribuye a la madre. Esto significa que si un padre quiere la custodia compartida y tiene las condiciones para ejercerla, los juzgados de Castellón y Valencia tienden a concedérsela. En la actualidad se parte del principio de que ambos progenitores están plenamente capacitados para cuidar de sus hijos, y el trabajo no es un castigo que impida ejercer de padre.

El factor que más condiciona la decisión: la edad del menor

Menores de 12 años. Si el progenitor no custodio quiere la custodia compartida y tiene las condiciones para ejercerla —vivienda, disponibilidad, red de apoyos—, la regla general es que se la concedan.

12 años o más. Por ley, el juez debe escuchar al menor. Si el hijo declara que no quiere cambiar su situación, el juez lo tiene muy en cuenta. Esta es una de las situaciones más dolorosas que vemos en el despacho: padres que pierden la custodia porque sus hijos, presionados o confundidos, declaran algo diferente a lo que le habían dicho al padre.

Por eso, si un padre quiere la custodia compartida, lo ideal es iniciarlo antes de que el hijo cumpla 12 años. Y si ya tiene esa edad, es fundamental asegurarse de que el menor realmente quiere ese cambio.

¿Qué necesita un progenitor para conseguir la custodia compartida?

Vivienda adecuada: el progenitor debe contar con una vivienda con habitaciones para los hijos, cerca del colegio. La custodia compartida exige cercanía de domicilios; la distancia máxima razonable que los juzgados suelen considerar ronda los 40 km.

Disponibilidad laboral: ambos progenitores deben poder atender a los hijos en su día a día. Si el trabajo no lo permite directamente, debe haber una red de apoyos familiares.

Cercanía al centro escolar: no tiene sentido pedir la custodia compartida si la vivienda alternativa está muy alejada del colegio.

¿Qué puede hacer que el juez deniegue la custodia compartida?

Una vivienda inadecuada o muy alejada del colegio. Un trabajo incompatible sin red de apoyos, aunque en estos casos puede acordarse un régimen específico adaptado. Alta conflictividad entre los progenitores —en estos casos el juez puede nombrar un coordinador de parentalidad—. Y que el menor tenga 12 años o más y declare que no quiere la custodia compartida.

Los malentendidos más frecuentes

«Si pido la custodia compartida, no tendré que pagar pensión de alimentos.» Este es el error más común. La custodia compartida no elimina automáticamente la pensión de alimentos. Si existe una diferencia significativa de ingresos entre los progenitores, el que más gana seguirá pagando pensión aunque la custodia sea compartida.

«La custodia compartida siempre es semanas alternas.» No necesariamente. Puede ser quincenal, mensual o cualquier otra fórmula que no perjudique a los menores.

«Con que la pida, me la darán.» Si el menor tiene 12 años o más y le dice al juez que no quiere cambiar su situación, el juez lo va a respetar. Un padre que no ha conseguido que su hijo quiera estar con él de forma voluntaria tiene muy difícil que el juez obligue al menor.

Un caso real

Un padre solicita la custodia compartida de su hijo de 11 años en Castellón. El niño le ha dicho que sí quiere estar con él. La demanda se presenta en febrero de 2025, se practica toda la prueba. El juicio se celebra en septiembre de 2025. Para entonces, el menor ha cumplido 12 años. El juez lo escucha y el hijo declara que quiere seguir como está, que lo que le había dicho a su padre no era verdad. La sentencia rechaza la custodia compartida. Este caso ilustra dos cosas: la importancia de actuar antes de los 12 años, y lo crítico que es tener la certeza de que el menor realmente quiere el cambio.

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